martes, 16 de julio de 2013

De noche

Hay alguna teoría que no adscribe los ciclos de actividad al día y la noche, sino que dice que estos se producen independientemente de esa división. Sin mayor conocimiento y, aunque tenga una explicación contraria que me contradiga, creo que soy nocturno.

         De todo el día cuando llega la noche es cuando mejor me siento, se afina mi percepción de las cosas, la agudeza de mis pensamientos, por más que no sean agudos, pero dentro de lo que hay, y me siento más vital. De hecho desaparece la sensación de falta de sueño que de general arrastro debido a las horas que me acuesto y a las que me obligan a levantarme, y eso que no se podría decir que madrugo.

         Todas las cosas me parecen mejor en la noche, un paseo, una botella de vino, un beso o una película en el sofá. Cierto que suena más a tópico literario y que cualquier memo con ínfulas de romántico diría algo así. Dios me libre, de lo uno y de lo otro, sobre todo de lo otro, pero prefiero una cena a una comida, un garito a las tantas que una merienda en una estupenda cafetería y una ciudad pintada de neones que de reflejos de sol.

         Y ya no es una cuestión sólo de preferencias, es vital. Me siento especialmente vivo a esas horas y todo me resulta especialmente placentero. No es algo que elija, es una sensación real.

         Luego viene toda una recreación, una novelación y todo lo que conlleva porque también ocurre, en la noche somos distintos, quizás porque nos sabemos más protegidos, quizás porque somos menos identificables, quizás porque la noche tiene también su punto de traición, reto y aventura pero somos otros. Y lo que es mejor, los demás también, incluso los diurnos. Somos la versión más canalla de nosotros mismos.



domingo, 13 de mayo de 2012

El origen del beso




Parece que la práctica de besarnos se remonta, como muchas otras, a hábitos primitivos, en concreto a la transferencia de alimento de la madre, desde su boca a la boca de sus hijos, como hacen las aves. Este contacto primitivo de labios evolucionó hacia una forma por la que las madres de mostraban afecto a sus hijos, como de hecho ocurre en la actualidad. Posteriormente, la costumbre se extendió como muestra de afecto entre las personas.

Durante el siglo VI se extendió en Francia, la costumbre de besarse entre los adultos cuando proliferaban los bailes y la práctica al uso, era sellar el final de cada danza con un beso. Ello conllevó a que besarse fuera visto como una expresión de afecto mutuo en la corte. 

La nobleza rusa copió este hábito de la nobleza francesa y fue en la antigua Rusia donde el beso se incorporó por vez primera en las celebraciones de boda, donde el beso en sí, sellaba las promesas de los novios. 

A lo largo del tiempo, besarse ha sido una forma de expresar respeto mutuo. Por ejemplo, en la antigua Roma, los romanos se besaban para saludarse mutuamente - de hecho esta costumbre perdura aún hoy en día -. Los emperadores romanos reconocían, además, la importancia de una persona por la parte del cuerpo que le era permitido besar al encontrarse con el emperador. Así, a las personas de relevancia, les era permitido besar la cara del emperador; a los nobles de menos categoría social, sus manos y las personas de más baja categoría social debían besarle los pies. Los romanos poseían además diferentes "niveles" de besos, como los tenemos en la actualidad, desde el más respetuoso hasta el más íntimo. Así, los "oscula" eran los típicos besos de mejilla; y los "basia" eran los que se daban en la boca.


Parece ser que en la India Védica (2000 A.C.) sólo se usaba el frotamiento de nariz y que el contacto entre bocas empezó más tarde. Se piensa también, que aunque el beso se extendió por muchas culturas y pueblos antiguos, no llegó a establecerse en Egipto.


Por otro lado, entre ciertas culturas indostánicas, como también en Borneo, el equivalente al besarse es un reconocimiento olfativo de la persona que se tiene enfrente.

En la actual Europa, los británicos son probablemente los menos dados a besarse. Mientras que en la Europa del Sur, los amigos se besaban públicamente al verse, los británicos no habían considerado siquiera la idea. Por otro lado, mientras que las mujeres incorporan el beso al saludo de forma habitual, el género masculino muestra aún cierta reticencia a besar a otra persona del mismo género.



sábado, 12 de mayo de 2012

La mirada alta


Algo de lo más apasionante que tienen las ciudades es mirar. La calle es un poderoso escaparate donde sucede todo, relevándose por instantes las escenas y con una infinidad de personajes anónimos que suponen un espectáculo imposible de reproducir artificialmente. Es una especie de ser vivo compuesto de personas, objetos, acciones, circunstancias e incluso intangibles. Delante de nosotros suceden mil cosas a la vez, un hombre pasa rápido, un niño se despista, un coche frena, una nube descarga agua o sentimos miedo en una calle oscura. Sin duda, mirar en una ciudad es un ejercicio apasionante, una fuente de información inagotable y todo una diversión al alcance de unos pasos.

Pero hay otra forma de mirar: la mirada alta. Contemplar tu ciudad prescindiendo del espectáculo diario para mirar alto, a sus edificios, a sus balcones, a sus plantas superiores, a sus tejados, al horizonte por encima de ellos. Ayer, en la calle Segovia, ya anochecido, miraba hacia arriba y veía la parte de atrás de la Iglesia de San Pedro el Real, conocida por los madrileños como la de Jesús el Pobre, con su torre mudéjar del siglo XIV asomando por encima de sus tejados superpuestos a varias alturas. Enfrente el caserón de varios siglos y cinco pisos haciendo chaflán entre la misma calle y la escalinata abierta que lleva a la calle del Nuncio. Por encima, y desde una perspectiva en ascenso podía ver casas aún más altas que la enmarcaban y que parecían su sustento, como si la sujetaran para no precipitarse por la cuesta que acaba en el río. Al otro lado un edificio de los setenta, feo, funcional, intentando captar una modernidad que nunca tuvo y justo por el corte de su esquina, la cúpula de pizarra, enorme, coronada por una linterna de San Miguel. Hacia abajo, hasta el recodo que hace la pequeña curva, donde está la muralla, casas en la otra acera en hileras, cada calle a una altura, lo podemos adivinar por las filas de tejados, unas encima de otras.
 
Tenemos que ver la ciudad con la mirada alta para ver las casas, los edificios, que han sido dibujados con la pretensión de gustar, aunque su esencia sea dar refugio. Son los casi eternos decorados de las ciudades donde luego vemos el espectáculo de las gentes.


miércoles, 25 de abril de 2012

Revolución de los Claveles


En la madrugada, un 25 de Abril de 1974, en radio Renascensa, sonaba una preciosa canción (que después recorrería el mundo entero) "Grandola vila morena, terra da fraternidade..." en la voz del gran José Alfonso. Se iniciaba la Revolución de los Claveles. No era un golpe militar en sí, era el producto de una situación insostenible, de una dictadura que seguía en el poder desde 1926. Las guerras coloniales, hicieron que la mayor parte de los militares se dieran cuenta de la inutilidad por mantener el último imperio colonial de occidente, de su crueldad. Cada familia portuguesa tenía uno o dos familiares combatiendo en Mozambique o Angola, lo que produjo un sentimiento antibélico de los jóvenes portugueses que se movilizaron masivamente contra la guerra de Vietnam. 


El poder económico lo ostentaban 100 familias, la desigualdad social era abismal, uno de cada siete portugueses trabajaba fuera de su país para poder sobrevivir. La miseria en el campo, con una explotación latifundista, era escandalosa y las cárceles estaban llenas de presos políticos. Portugal al mismo tiempo era un paraíso para nazis huidos de sus juicios, para monarquías sin reino: española, italiana, dictadores como Fulgencio Batista... 



No fue solo un golpe militar, fue todo un movimiento obrero de huelgas y luchas obreras de años anteriores, fue el hartazgo del pueblo, que con su participación tomo las calles desde el principio. La autentica garantía de que se abría un nuevo horizonte.


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lunes, 9 de abril de 2012

Cuestión de convencimiento

Una de las ventajas de Hernán Cortés y sus hombres, más allá de los caballos, es que los aztecas tenían como objetivo capturar a los españoles porque llamaban su curiosidad, mientras que los conquistadores tenían como objetivo matar al enemigo. 

Esa diferencia es esencial y recuerda aquella frase de Georges Simenon "Yo tengo una inmensa ventaja sobre usted, haga lo que haga: yo he matado". No podemos obviar este tipo de determinación y de convencimiento como fuerza poderosa para acometer cualquier empresa. No hablo lógicamente de matar a nadie, sino que incluso en lo peor que se le puede hacer a un hombre, quitar la vida, la convicción, el convencimiento conlleva una fuerza extraordinaria, un aporte de motivación, que no sólo justifica sino que santifica el hecho, por malo que sea, ante quien lo realiza convencido.

Shakespeare en Julio Cesar ponía en boca de Bruto "Maté a César no porque le quisiera menos, sino porque amaba más a Roma". Ese convencimiento, esa convicción, ese fanatismo, lleva al hombre a un paso más allá, aunque sea lo peor. 

Así que el convencimiento es una arma poderosa y fuerte porque condiciona la voluntad y elimina límites que nos imponemos. De tal manera que convencidos de algo, lo ejecutamos con decisión. Da igual si es bueno o malo y si esas razones son buenas o malas, si estamos convencidos, a nuestros ojos, lo que hacemos está justificado, es necesario y beneficioso. Cuestión de convencimiento. Y sirve para aquellos que defienden una buena causa y matan y mueren por ella, imaginemos a esos soldados ingleses en la Segunda Guerra Mundial y sirve para una mala causa, las matanzas en Bosnia. El convencimiento es el mismo. Terrible lo equivocados que podemos estar en nuestra convicción.




sábado, 7 de abril de 2012

Ideas-Fuerza

Uno de los conceptos más de moda que se manejan en cualquier reunión que se precie es la de idea-fuerza. Generalmente no se sabe muy allá de donde viene este concepto. Se tiene por interesado que idea-fuerza no es más que el reforzamiento de una idea principal o preeminente. Tendemos a pensar que es el carácter de importante o central el que hace que una idea se convierta en idea-fuerza. 

En absoluto es así, como casi siempre o como casi con cada cosa, al contrario, la calificación especial de la idea-fuerza no es externa, sino interna. Son ideas que por si mismas encierran un potencial psicológico, emocional, transmisor. Son en si mismas potenciales de comunicación lógica y psicológica y son capaces de hacer evolucionar otras ideas y sistemas y hacen que el orden social o incluso moral sea más expansivo y humano. 

Y así mismo y trasladado a los individuos, podemos identificar ideas-fuerza en nosotros que marcan el desarrollo de como somos y sobre todo de como queremos ser, adonde llegar. Muchas veces cometemos el error de centrarnos en una idea y darle importancia excesiva, pero es una idea sin más, sin mayor trazo y sin mayor fuerza, que la que le viene de fuera y descuidamos, porque evidentemente son más laboriosas, las ideas-fuerza que tenemos en nuestro interior y es un error porque son ellas las que nos harán mejores.


viernes, 6 de abril de 2012

Infinitos cercanos

Cuando pensamos en ideas como que el universo es infinito tendemos a pensar en algo enorme, algo como el cielo y como el mar, que es lo más grande que podemos concebir, pero aún mayor. Establecemos una asociación mental de lo infinito como algo tremendamente grande al no tener fin, puesto que el horizonte o la vertical son las dos dimensiones más apreciables, en el sentido de posibilidad, que tenemos.

in embargo en un mismo punto se contiene un infinito. La posibilidades de que nos ocurra algo en las circunstancias en que nos ocurre son infinitas, lo que quiere decir que eso que me pasa tal y como me pasa, es una insignificancia dentro de un mundo de posibilidades, un universo de posibilidades, mejor dicho, dado que el mundo es finito.

Si a lo que nos ocurre, tal y como nos ocurre, le añadimos el componente de todo lo que nos ha ocurrido en las circunstancias que nos han ocurrido, el concepto infinito es aún más intenso en nuestro pensamiento, que no en la realidad. Y aún más si todo eso lo cogemos y lo mezclamos con todo lo que ha pasado en las circunstancias que han pasado con toda la gente que nos ha pasado, a los cuales les podía haber pasado otras cosas, en otras circunstancias y con otras personas, la infinitud de las probabilidades en nuestra forma de pensar hace que lo que no tenía fin en concepto, en nuestra mente, aún sea más grande, y eso sin salirnos del punto mismo en el que se está escribiendo este texto.

De tal manera, que por haber cogido el tren anterior, porque salimos el día que no íbamos a salir, porque cogimos el autobús más tarde, porque pasamos por la calle un minuto antes de que se cayese el balcón, porque compramose aquella camisa o por lo que fuera que fuese en sus inabarcables posibilidades, todo lo bueno y malo que nos pasa es el resultado de trillones de combinaciones elevado a trillones de combinaciones.

¿No me digan que no es una suerte que amen a quien aman, que quieran a quienes quieren y que la vida que llevan sea estupenda?