martes, 29 de noviembre de 2011

De espaldas


El gran Maestro Don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez pinto su gran desnudo de espalda. Se dice y se cuenta que es una forma de hacer enigmática la belleza al situarla de espalda y no reflejar nítidamente el rostro de la bella en el espejo.

Pero yo creo que no, que verdaderamente Don Diego lo que quería es mostrarnos la belleza de una espalda. En realidad casi cualquier parte del cuerpo resulta bello, si bello es pero una espalda dice y anuncia todo lo demás. Un cuello delicado, una cintura recogida, unas caderas femeninas, un pecho erguido, unos hombros suavizados, unas piernas torneadas...

Son muchos otros los artistas que nos han mostrado la espalda con toda su belleza e importancia, Rubens, Dalí, Degas, Renoir, Rodin... y son muchas las espaldas que hemos contemplado en tiempos estivales y algunas las que hemos disfrutado en la intimida de una cama.


domingo, 27 de noviembre de 2011

Decondicionamiento

Uno de las nuevos silogismos que nos llegan, y que son traducciones útiles para expresar nuevas ideas que encuentran acomodo en la posmodernidad, es el de decondicionamiento

Si todos al ir creciendo vamos aprendiendo y tomando elementos de la cultura a la que pertenecemos lo que el decondicionamiento propone es justo lo contrario, el rechazo y desaprendizaje de lo tomado y aprendido. Sólo eliminando los parámetros del contexto y realidad social en la que hemos crecido podremos ser enteramente libres, porque mientras lo seremos solo en el contexto y situación en que hemos aprendido.

Evidentemente suena a exageración y como toda posición lo es, porque en si misma está condicionando y porque no tiene capacidad para resolver todos los problemas que ella misma intenta corregir, pero no sirve como idea de cuanto de nosotros hemos ido abandonando de lo que aprendimos y tomamos como bueno y necesario y cuanto nos queda por deshacernos sino para ser más libres, si porque evolucionamos, aunque no sepamos muy bien hacia donde y porque.

Si miro al tipo que fui hace diez años o cinco años se que hay algunas cosas que he abandonado e incluso alguna podría decirse liberado. Eso en teoría, según esta doctrina debería hacerme más libre, pero en el fondo se y creo, que es peor que ser, que simplemente he cambiando unos condicionamientos por otros. Así que sólo me cabe finalizar con una conclusión evidente: no soy posmoderno.

sábado, 26 de noviembre de 2011

El cisne negro

Nassim Nicholas Taleb es un matemático, financiero de éxito en Wall Street y catedrático de Ciencias de la Incertidumbre que ha escrito un ensayo muy peculiar que arroja luz sobre el azar y lo improbable que ha sido tan alabado como discutido, y sobre todo vendido.

En dicho ensayo cuyo título es Cisne Negro, viene a decir que ante un hecho improbable, como es un cisne negro se producen tres características básicas y comunes: son impredecibles, generan un tremendo impacto, y después de que han ocurrido, tendemos a elaborar explicaciones que lo hacen parecer menos azaroso y más predecible de lo que fue.

Y es así, sobre todo en su última parte, tendemos a buscar explicaciones para que las cosas parezcan menos azarosas y más predecibles, incluso en fenómenos altamente improbables y muchos impredecibles. Tendemos a explicar el porqué de muchas de las cosas que nos suceden, como producto de una concatenación de hechos y consecuencias que arrojan otros hechos y otras consecuencias en cadena, cuando en realidad si sucede algo altamente improbable o impredecible no es más que el azar o la casualidad.

No es dificil imaginar hechos así en nuestra vida, si revisamos encontraremos acontecimientos que nos han sucedido que eran de dificil realización y sobre todo inesperada pero que luego, una vez ocurridos, explicamos y asumimos para rebajar el grado de azar al que nos vemos sometidos y esto es así porque necesitamos la certeza de las cosas para vivir con cierta seguridad. Nuestra condición humana, seguramente el cerebro y su química, unido a ciertos rasgos atávicos, hace que veamos más orden del que realmente existe, que creemos historias simples para explicar fenómenos muy complejos.

En realidad, estar en cierta manera, en manos del azar y sometidos a fenómenos improbables e impredecibles, genera una inseguridad que golpea de lleno el sentido de permanencia que tenemos a pesar de todo.


viernes, 25 de noviembre de 2011

El Dios abandona a Antonio

Recuerdo cuando lei No digas que fue un sueño de Gala, lo que más me gustó fue que me descubrió a Kavafis. Desde ese poema, El Dios abandona a Antonio que consta en el libro a otros muchos que llegaron después.

 No se si es por lo bello del poema o por esa especie de valentía sorda que contiene, o que anima a contener, por lo que lo me gusta tanto. Quizás, sea sólo porque anima a sentirse orgulloso a pesar de haber fracasado, aunque dudo mucho que fuera así, que hubiese lugar al fracaso en aquel amor desgarrado y fatal que enfrentaba a dos mundos pero que unía a dos personas.



Es un canto de dignidad, de valentía, de coraje ante el fracaso. No recuerdo quien, creo que era Franklin D. Roosevelt, decía que había algo peor que fracasar y era no haberlo intentado. En el poema de Kavafis sólo hay ánimo para Antonio, para que sea protagonista digno del final que viene, para que no lo deje desamparado, para que no deje lugar al reproche a Cleopatra, a la que tanto amó. Quizás, para evitar lo que Shakespeare pone en boca de la mismísima reina de Egipto, en su obra Antonio y Cleopatra:

Insolentes lictores nos tratarán como rameras. Miserables poetas cantarán, desafinando, nuestra historia. Mediocres comediantes llevarán a la escena nuestras fiestas de Alejandría. Se representará a Antonio borracho, y yo veré a algún jovenzuelo de voz chillona hacer de Cleopatra y dar a mi grandeza la postura de una puta.


El Dios abandona a Antonio, de Kavafis

Cuando a medianoche se escuche
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente.
Como hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre.



No digas que fue un sueño

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Popeye y los equívocos

Un coma, sólo eso, una coma fue el motivo de que el consumo de espinacas se disparase haya por la mitad del siglo pasado. Las autoridades americanas estaban interesadas en variar las costumbres alimenticias de sus ciudadanos, en especial de los críos para lo cual lanzarían unos dibujos animados donde un marinero fortachón llamado Popeye comería un alimento que le diese fuerza extra. Realizaron un estudio sobre las propiedades de los alimentos. En los resultados reales, el alimento más nutritivo y que mejor resultaba eran las lentejas pero una coma mal puesta en el porcentaje de hierro de las espinacas propició que lo que era 1,55 pasase a ser 15, 5 y se eligieron las espinacas como alimento nutritivo a plublicitar por sus valores y por su bajo precio para lo cual en la serie cada vez que Popeye se encontraba en un apuro un buen bote de espinacas le permitía tener más fuerza y vitalidad.

Sirva esta historieta de dibujos para incidir en el tema de los equívocos y lo fácil que resulta caer en ellos de la manera más despreocupada y a veces incluso bienintencionada. Se dice algo, se escribe una cosa, se gestualiza, se deja de llamar, se hace esto o aquello y el equívoco surge, toma forma, se convierte en un dragón que lo arrasa todo y uno se ve dando explicaciones, pidiendo perdón, justificando e incluso asumiendo algo que ni remotamente estaba en el origen y menos intención de nada. Y es que el equívoco como las leyendas urbanas no tiene dueño y si víctimas.

Para finalizar no puedo recomendar que no se cometan equívocos, tienen vida propia, pero si que desde el otro lado seamos indulgentes.



 

lunes, 21 de noviembre de 2011

Lo invisible

Si fueramos precisos los agujeros negros se llamarían agujeros invisibles, puesto que tienen tal fuerza de gravedad que impide que la energía o la materia escape y por lo tanto son imposibles de ver como tal y solo se pueden detectar por los efectos que producen en su rededor

Los terremotos también son invisibles y aún más dificiles, sino imposibles, de detectar. Dos placas tectónicas se mueven y deslizan chocando o montándose una sobre otras de tal manera que cuando tenemos noticia de ello es porque está pasando.

Son fenómenos invisibles, que sólo sabemos de ellos porque detectamos o sufrimos sus efectos. Así en la vida, como en la naturaleza, aunque una y otra sean ambas, a menudo suceden acontecimientos que nos resultan invisibles, de los que no tenemos conocimiento hasta que sus efectos nos asaltan de manera abrupta.

Manejarse en esa invisibilidad, detectar antes de los grandes efectos pequeñas alteraciones, observar distorsiones limitadas, cambios mínimos en las cosas habituales nos sirve para adelantarnos en la medida que podamos a esos acontecimientos que nos afectarán, e incluso sufriremos y amortiguar los efectos.


domingo, 20 de noviembre de 2011

Sueños de colores

Quique nació con una extraña enfermedad que aún hoy, los médicos no saben curar. Durante años, había pasado por clínicas afamadas y puesto en manos de los mejores neurólogos del mundo. Su caso había traspasado el conocimiento local y trascendía como un reto dentro del mundillo médico.

El día que vino al mundo todo fue normal, tras unas suaves palmadas, lloró como cualquier recién nacido y a los pocos días abría sus enormes ojos para contemplar los lugares y objetos que estaban allí para que él los descubriera.

Con el paso de los años, Quique iba conociendo el mundo que le rodeaba. Todas aquellas cosas que un día aprendimos y que parecen tan intrínsecas a nosotros mismos como el respirar, pero que no son otra cosa que pequeños datos que introducimos en nuestra vida, se depositan en una zona de nuestra mente y permanecen allí hasta el final de nuestros días como si siempre hubiesen estado. Así supimos de los números, las letras y los colores. Pero, Quique, nunca aprendió los colores.

Cuando sus padres jugaban a enseñarle el mar y lo identificaban con el azul, él no veía el color del mar. Distinguía su forma, su aspecto, pero no podía ver el azul. Tampoco, el del cielo.

Su mundo tenía millones de tonalidades de gris. Para él, todo era distinto. La primera bicicleta fue verde. La sangre que brotó de sus rodillas cuando se cayó en el parque, era roja. Aquella niña que se sentaba dos pupitres delante de él y de la que se pasó todo el curso enamorado era rubia. Su traje de primera comunión, azul. Pero, Quique no lo sabía.

Sus padres, entre desvelos y preocupaciones, fueron enseñándole los colores. Nunca pudo verlos, al menos hasta ahora, pero consiguieron que Quique entendiese que son los colores a base de sensaciones. Una suave bola de algodón era el blanco. El verde, un manojo de fresca hierba. El golpe de una ola era el azul y el rojo, el calor de una hoguera.

Cuando llegaba la hora de dormir, sus padres arropándole, después de besarle, se despedían deseándole que soñase de colores. Y allí, perdido entre sueños, Quique disfrutaba de todos los colores que con el día desparecían. Durante años, con las sensaciones que sus padres le habían transmitido soñó y soñó pintando las cosas grises que veía en la vida real y era tan grande la ilusión por imaginar el color del mundo que antes de llegar a la adolescencia descubrió colores maravillosos que nunca, nosotros, hemos visto.

De esta manera, Quique, descubrió el color del amor, de la infancia, de los besos, de la risa y de muchísimas cosas que nosotros ignoramos. Quizás, deberíamos hacer como él, ponerle color a nuestras sensaciones.